viernes, 17 de mayo de 2019

Medicina para el alma





Hoy, es un magnífico día de primavera, de júbilo para mi alma. Hoy, representa la cosecha del pasado expresada en instantes que hacen brotar lágrimas desde mi ser profundo. Y solo escapo de la sensación de la carne cuando me atraviesa la libertad que esgrime mi espíritu que desea volar. Así, en éste eterno y delicado día, de fuertes y gratificantes emociones, libre de las ataduras que me constreñían, parezco ágil, hasta liviano por atreverme a ponerle algún que otro calificativo.


Me muevo sin a penas dificultad. Dejándome llevar por otro ser, mi amigo de otras y de esta existencia, mi espíritu protector. Al que sin saberlo me acompaña en esta nueva experiencia del ser. Él ahora se ha hecho presente, diría que es la primera vez que lo veo desde hace mucho tiempo. Sí, desde que deje el plano espiritual.

Que magnífica sensación de plena libertad cuando se está libre de la carne. Puedo sentir, ver, oler, tocar, respirar con mucha mayor delicadeza lo que éste maravilloso lugar me ofrece.

El Universo nos aguarda un sin fin de colores, musicalidad, tonos, melodías, experiencias de las cuales diríamos que no podrían existir cuando nos encontramos viviendo la experiencia carnal.

Feliz no es la palabra apropiada para expresarme en estos instantes de tanta dicha; de tanta irradiación de amor; de tanta manifestación del divino.

Días que vienen marcados por la siembra de un pasado poco fértil. De un pasado negro, sombrío, helado y delirante. Perdido es lo más hondo de mi alma, tuve que experimentar muchas, muchas alucinaciones. Y en ellas, lloraba desesperado y triste. Así, me alcanzó la desgracia de vidas desperdiciadas y turbulentas de mucha oscuridad para mi alma. Aunque a veces, pensaba que era feliz. Sin embargo, era el mayor de los engaños jamás sentidos. Fui manipulado, alienado. Dejé de pensar por mi mismo, contaminado por fluidos densos que me incapacitaban para poder ver lo que me estaba ocurriendo.

En medio de tanta desdicha y sufrimiento que en ocasiones era plena locura, por todas esas cosas que tenía que realizar forzado por otros. Por órdenes de aquellos por los cuales estaba subordinado, lloraba en muchos momentos, y a veces, en instantes, mi conciencia, me hablaba de algo que no llegaba a ver por esos densos fluidos que me tenían bajo sus dominios.

Una suave y penetrante voz que no sabía de donde provenía me visitaba cada día, al menos durante largo rato. Ésta siempre era suave, suave como un canto de nana. Y a la vez, me penetraba tan hondo, con tanta fuerza que era imposible no escucharla. Esa voz me decía: “querido mío, hijo mío, ya está bien de vivir en la oscuridad de tu alma, tienes una gran batalla que librar y tendrás que abandonar este lugar que te tiene prisionero desde hace cientos de años”. Soy tu madre querida, soy tu salvadora de la ruindad que provocaste en tu alma. Ahora escucha mis palabras y sígueme. Te esperan nuevos días de dicha y gloria. Acompáñame querido mío.

No podía dejar de pensar y sentir en esas palabras y hasta me hacían daño en lo más recóndito de mi ser. Y seguí  allí, en ese lugar obscuro y lúgubre; sucio y deplorable. Sin saber que era dominado por verdaderos monstruos del poder de las sombras.

Cierta mañana, después de un largo tiempo, aquella voz se hizo escuchar hasta hacer retumbar aquel lugar donde me encontraba. Me quedé paralizado, lleno de miedo y  a la vez, hasta con cierto alivio. Hoy, querido mío, vengo a recogerte tu sitio aquí ha finalizado más adelante encontrarás una explicación, ahora vayámonos.

Y así, de esta manera abandoné ese lugar donde viví verdaderas torturas para mi alma.

Desperté en los dulces y acogedores brazos de mi madre querida. Aún con gran confusión y perplejidad, brotaban finas lágrimas por mi cara. En ese instante, una paz llenaba toda mi alma. La quietud, el silencio, la luz, después de las sombras recorrían mi ser sin siquiera de momento comprender lo que me estaba pasando.

Mi madre entonces me invitó a dar un paseo por unos hermosos jardines los cuales jamás vi en la tierra. Me hallaba en el plano espiritual rescatado de las garras del mal. Por aquellos espíritus que siguen empeñados en seguir la senda del odio, del rencor, de la violencia. Porque aunque no lo parezca, aquí, en el plano espiritual, también existe el mal. Llevado a cabo por grandes organizaciones de seres que por sus condiciones morales, sus periespíritus, se asemejan más a los animales; aún en muchas circunstancias hasta seres horribles, difíciles de imaginar. Esto le sucede a todo aquel que se aparta de la Ley de Dios de la Ley de Amor que rige en todo el Universo.

Ahora a partir de este momento en el cual me encuentro, mi madre es mi benefactora, mi guía, la que me explica la tragedia vivida por mí durante tantos largos años de sufrimiento y oscuridad. Ella es la encargada de mi regeneración, de mi progreso moral y a la cual por el gran afecto y cariño que nos une a lo largo de existencias anteriores ahora, me lleva de su mano para regresar por fin al camino del bien. Me esperan todavía grandes pruebas y sacrificios a mi regreso a la materia. Sin embargo, en esta nueva vida que Dios me ha permitido, espero ser fiel a su amor y misericordia para no fracasar otra vez como ya me ocurrió anteriormente.

En este nuevo amanecer, deseo alcanzar mi compromiso y llevarlo a cabo para poder cumplir con el mandato establecido en el plano en el cual ahora me encuentro antes de tomar un nuevo cuerpo. Donde espero con fervor y valentía seguir los pasos para saldar las faltas de un negro y triste pasado.

Dios con su amor infinito nos pone a nuestro lado a ese ser que nos va a ayudar en nuestro duro caminar por las pruebas y experiencias en la carne. Porque nunca nos abandona y menos en las luchas contra nuestras inferioridades y defectos que son muchos. En muchas ocasiones, al no ser conscientes y no poseer el conocimiento espiritual acerca del mundo de los muertos, cometemos errores, provocamos faltas, que nos llevan al sufrimiento constante y al deterioro de nuestra moral.

Hoy, poseo la dicha, el amor maternal de mi madre que me acompaña en este viaje de expiación y pruebas. Una vez más, regreso a la materia con el fin de acabar aprendiendo lo que en otras existencias no pude ser capaz de aprender. Y no por eso, el progreso de las almas se detienen. Algún día en un futuro esperanzador cuando la Tierra sea ese jardín hermoso que aquí detallo, sentiremos la gracia inmensa de Dios. Y la Tierra será entonces un refugio de bien y descanso para muchas almas en su continuo peregrinar por los mundos.

El amor en su máxima expresión está cargado de una gran magia; es el mejor y gran medicamento capaz de curarlo todo. Tiene la facultad de regenerar almas perdidas como yo y tantos otros. Posee la gracia del Padre y el amor del Maestro. Es liviano, sutil, humilde, delicado y transformador. Toca todos los corazones hasta el del hombre más vil y salvaje. Porque es el mismo Dios quien se expresa en él.

No puedo olvidar esa voz sutil en mi conciencia que me habla de nuevas y prometedoras experiencias. La esperanza se apodera en ese instante de todo mi ser y me entrego a ella con cierto júbilo al pensar que todo será para mi bien.

Amar es tan fácil y al mismo tiempo tan difícil. Amar constantemente es lo que tenemos que hacer. A cada instante de nuestras vidas; en todas aquellas cosas que hacemos tiene que estar presente el amor.

Ahora me tengo que preparar para mi viaje. El viaje que tantas veces hemos realizado. Aunque todos son distintos unos de otros por las circunstancias a las que nos vemos abocados. Cada experiencia cada metedura de pata tiene sus pruebas, ninguna es igual a la anterior.

Hoy me sumergiré en el inmenso océano del proceso reencarnatorio para  poner fin a mi propia desdicha y sufrimiento. Comienza en mi un nuevo ciclo de expiaciones. De pruebas y compromisos a superar. Deseando en este mismo instante que todo lo prometido y hablado con los hermanos responsables del proceso reencarnatorio quede fijado en mi conciencia. Y así, poderlo llevar a cabo en las mejores condiciones. El planeamiento, las circunstancias y todo lo que significa para mí este nuevo comienzo en la carne, en la materia, es por una parte, un peso moral que tendré que arrastrar a lo largo de mis días como encarnado. Y por el otro lado, doy gracias al divino Padre y a su inmensa e infinita misericordia que me haya dado la oportunidad nuevamente de regresar al plano material. A mi queridísima madre que vino a rescatarme de las garras del mal. De la gran oscuridad de mi alma. De los obsesores que consumían mis pocos fluidos y pensamientos que me quedaban. Era todo una locura, un desatino de mi andadura cuando estuve encarnado. Grandes errores y faltas que poco a poco me catapultaban, hacia el inmenso reino del mal. Al bajo astral, donde reina todo tipo de sufrimientos difíciles de describir, por lo horrendo que son sus escenarios de padecimientos, venganzas y miserias humanas.

Pido a Dios y a todos los seres de la alta espiritualidad que me ayuden y me den soporte en este comienzo de vida carnal. Al amoroso Jesús también le pido su misericordiosa ayuda para no fracasar en el terreno por el cual estoy a punto de tomar.

Breves momentos de contacto con mi amada madre y salvadora del bajo mundo para darme fortaleza, ánimo y mucho amor, antes de ingresar en el proceso de la nueva vida que se presenta a partir de ahora. Acompañado de buenos y queridos amigos, saludos, notas de ánimo, consuelo, apoyo y buenas energías me preparan para el desenlace por el que todos hemos pasado tantas y tantas veces.

Este hermoso lugar donde nos preparan para la nueva vida carnal es increíble, indescriptible por su pulcritud, silencio, organización y despliegue de tantos hermanos trabajando al unísono que es envidiable. Nada de lo que aquí sucede, es comparable con la tierra. Pequeñas habitaciones dispuestas en forma rectangular, de colores suaves, existen por cada planta que hay. En ellas, se operan uno de los secretos mejor guardados por los arquitectos espirituales encargados del fin que nos ocupa.

Sintámonos siempre agradecidos por nuestro Padre que nos da las oportunidades necesarias para cumplir con nuestro progreso evolutivo moral. Acerquémonos a los demás con una actitud abierta hacia el amor. Con cariño, afecto, delicadeza, sencillez. Pues son todas estas cosas las que nos aproximan al Maestro, ser de luz y amor. Ejemplo de humildad, de entrega, de sacrificio, bondad infinita, y caridad, tanto en su hacer, como en sus palabras y ejemplos. Él es, nuestra conquista a alcanzar.

No debo olvidarme de lo que he aprendido durante este tiempo aquí en el mundo espiritual.

Llegó el momento y nací de nuevo y mi vida transcurrió no sin verdaderos problemas y a veces, hasta cierta flaqueza y dudas espirituales que quedaban resueltas por ese apoyo que tenía tan importante desde el plano espiritual. Ya que durante el sueño, mi alma se desprendía del cuerpo y volaba hasta un lugar donde me encontraba con seres del otro plano que me guiaban y enseñaban el camino por donde ir.

Nunca me sentí abandonado el tiempo que duró mi existencia carnal. Pues estaba de continuo acompañado y protegido de esos temibles compañeros del bajo astral. Lugar donde permanecí largo tiempo. Mi madre se había convertido desde mi rescate en mi lámpara de luz y claridad, en esos instantes de cierta turbación y demora espiritual.

Ahora era yo quien la llamaba en esos momentos de duras pruebas difíciles de soportar debido a las deudas que anteriormente hube contraído.

Gracias a su amor y a sus cuidados que pude ir superándome a lo largo de mi existencia. He de reconocer que sin la ayuda de todos ellos, me hubiera sido imposible o por lo menos más que complicado el salir adelante.

El amor tiene la cualidad de transformar, conmover, perdonar, curar cualquier tipo de enfermedad. Armoniza, regenera, protege, equilibra en la materia tanto lo físico como todo el campo energético del ser. Asimila esos fluidos densos y los transforma en energías capaces de darle la forma del ser perfecto.

El amor es la perfección sublime a alcanzar. El amor construye, edifica, eleva a las almas que transitan con el por el camino del bien.

Hoy, como otros tantos días, paseo de nuevo por ese jardín de ensueño al lado de mi amada madre salvadora de mi alma perdida. Sí mi querida madre a la cual le debo tanto y tanto amor. Y no solo se esmeran, trabajan, nos cuidan cuando estamos en la materia, sino  que como podéis ver aquí en el mundo espiritual, también velan por nosotros. El amor verdadero, el que no posee; el que no pide nada a cambio; el que no es egoísta, éste es el que nos abre la senda del camino a seguir.

Poco a poco y no sin gran esfuerzo, fe, esperanza, voluntad, humildad, fui purificando mi alma de todas esas miasmas densas que ahogaban mi espíritu perdido en la oscuridad y sin esperanza.

A todos aquellos que andan perdidos, sumidos en la tristeza, la depresión el desaliento y la falta de esperanza, os animo a coger la senda del bien; la senda de la humildad; del amor para poder así, salir fortalecidos de la gran batalla que implica la existencia en la materia.

Ánimo a todos los seres que pueblan el universo. Mucho amor, paz y entrega en todo momento de vuestras vidas.

Conquistemos la nueva vida basada en el amor fraternal. En la unión de verdaderos hermanos espirituales que somos desde nuestra creación como espíritus.
Hasta siempre.


José Fco. Diez 

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