lunes, 18 de marzo de 2019

Cuando las palabras se distancian de las obras



     Hay veces en la vida en las que uno necesita de la reflexión, para abandonar la inconsciencia en que se encuentra y alcanzar la determinación que necesita; en los que ha de quedarse solo ante sí mismo, para mirarse en el espejo de su auto-análisis, y verse con la realidad que otorgan los ojos de su intimidad, haciendo un acto de sinceridad para consigo mismo.

El hombre es un ser inteligente, que sabe que hay que utilizar la base de su conciencia para relacionarse entre sí, y luchar por transmitir la necesidad de una sociedad mejor. Pero, es muy difícil edificar un mundo habitado por muchos seres, cuando todavía no se ha aprendido a construir el propio. Solamente cuando tomemos la firme e invulnerable determinación de mejorar nuestra vida, elevándola hacia las altas cotas del altruismo, podremos transmitir a los demás la importancia de ese cambio, con la música de nuestras palabras y la melodía de nuestro ejemplo.

Los libros más leídos, las verdades más buscadas, los hechos más deseados y las más bellas frases, hablan del amor entre los hombres. Las mayores alabanzas y los más preciados consejos, son orientados hacia la paz y la comprensión. Cuando hay un problema, cuando el dolor asoma y sufren los desdichados, siempre hay palabras de consuelo y esperanza.

Si tanto halaga el hombre la paz... ¿Por qué no la cuida? Si tanto suspira por el amor altruista... ¿Por qué siembra el odio? Si tanto se habla de ayuda mutua, de libertad y de justicia, de comprensión entre los hombres... ¿Por qué se cometen tantos desatinos?

Siempre hay palabras vacías que se lleva el viento, ojos que se giran ante la necesidad, corazones endurecidos que casi no sienten, y amagos de ayuda que nunca llega más allá del simple propósito. Afortunadamente, también encontramos esas manos amigas dispuestas a ayudar, la pena es que son mucho más escasas.

Dedicamos más tiempo y esfuerzo a las formas que al fondo, a lo superficial que a lo verdaderamente útil. Llevamos muchos años hablando de apaciguar el mundo, de acabar con la sed y el hambre que tantas muertes ejecutan, pero demasiado poco tiempo haciéndolo realmente. No se consigue porque no se trabaja realmente para conseguirlo. La palabra no es sinónimo de sentimiento, es un simple acto de comunicación. Y aún siendo positivas cuando se dirigen a un fin altruista, cuando quedan huérfanas de la acción son insuficientes, porque el deseo y la intención solo representan el inicio, y hacen falta las obras para su culminación.

Contradicción tras contradicción son plasmadas en la vida, y ellas aumentan la distancia entre las palabras y las obras. Por ello, muchos caen en el escepticismo y dejan de apreciar los valores positivos del ser humano. Hay que tener mucho cuidado con el desengaño para que no corte las buenas iniciativas.

Cuando hablamos de construir un mundo mejor, de armonizar la sociedad, de la paz y la caridad entre los hombres, de ser más justos y comprensivos, OLVIDAMOS HABLARNOS A NOSOTROS MISMOS. He aquí la base del error, donde debemos aplicar el esfuerzo y la ilusión que se desprende del conocimiento auténtico de todo cuanto decimos. Es ahí donde deben comenzar nuestros verdaderos propósitos, aquellos que llevan la fuerza del sentido útil y práctico, que van impulsados por la auténtica comprensión y sabiduría de las experiencias de la vida.

Si todos hablamos para los demás, ¿quién dará el primer paso para hablarse a sí mismo y comprender que es el primero que está fallando ante la sociedad? No desviemos nuestra atención, pensando que son los otros quienes crean los problemas que existen... no nos engañemos de esta forma, no justifiquemos lo injustificable. Así, es totalmente irrealizable el cambio social, porque es imposible crear un nuevo modo de vivir esperando el cambio de los demás antes que el nuestro.

Todos podemos colaborar, en nuestra medida, sumando al bien común. Es mucho más sencillo de lo que parece. Escuchar al angustiado con comprensión aportando  esperanza, ampliar nuestras amistades haciéndolas mejores, participar en alguna iniciativa para el bien social, estar atentos a las necesidades de quienes nos rodean para compartir su sufrimiento cuando nos necesitan, amar sinceramente a nuestros familiares, son actos que ayudan mucho más de lo que nos imaginamos. No hacer nada es una responsabilidad que no hemos asumido.


Antonio Gómez Sánchez

2 comentarios:

  1. Una interesante reflexión Antonio. Solo con pequeños gestos de amor, comprensión, tolerancia, respeto... que se repitan constantemente cada vez por mas miembros de nuestra sociedad el cambio se hará mas evidente.

    Creo que este esta en marcha y poco a poco todos vamos cambiando

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    Respuestas
    1. Asi es Tobías. Un comentario muy acertado con el que estoy totalmente de acuerdo.

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