domingo, 24 de marzo de 2019

Aprendiendo de la Naturaleza




El bambú es una planta tropical muy curiosa. Alguna de sus especies tardan de 7 a 8 años en asomar a la superficie. Durante todo este tiempo, el agricultor debe estar pendiente de darle los cuidados que necesita su cultivo y no dejarlo abandonado en ningún momento. Cuando asoman sus primeros brotes, se convierte en uno de los árboles de crecimiento más rápido del mundo, llegando a alcanzar más de 20 metros de altura en tan solo 6 ó 7 meses. ¿Es casualidad?


Podemos diferenciar en él dos procesos de crecimiento distintos. El primero, bajo tierra, donde está la mayor parte del tiempo, desarrollando un amplio entramado de raíces, que son las que consumen la mayoría de los recursos que recibe la planta, creando una base de sustento inmejorable. El segundo, el crecimiento del tallo o la caña, que es la que puede observarse por encima del nivel de la tierra, para lo cual ha sido imprescindible esa larga etapa invisible a nuestros ojos. Aunque lo que se ha visto es que ha crecido en pocos meses, la realidad es que su desarrollo ha necesitado más de 7 ú 8 años, y mucha paciencia por parte del agricultor.

La Naturaleza nos da grandes enseñanzas de las que podemos aprender mucho. El ejemplo del bambú lo podemos trasladar a nuestra vida y ver sus innumerables similitudes.

Queremos soluciones rápidas para nuestros problemas, conseguir logros extraordinarios de la noche a la mañana. Deseamos lo imposible porque huimos del esfuerzo y somos excesivamente impacientes. Las soluciones a las dificultades, los logros y el éxito, se consiguen siendo constantes en el trabajo y como rendimiento del desarrollo de nuestras capacidades personales (crecimiento interior). La persona que espere resultados de forma inmediata está equivocada porque todo proceso requiere su tiempo.

Hay veces en las que tenemos dificultades en la vida que creemos no aportan nada positivo, pero no es así, porque todo tiene su aspecto útil. Aunque no podamos apreciarlo con tanta rapidez como nos gustaría, estamos desarrollando los hábitos adecuados, creando las estructuras de nuestro edificio interior con mayor cohesión y solidez, conformando esas cualidades que darán como fruto una personalidad más sólida y efectiva, con la que podremos afrontar mejor los acontecimientos de la vida. 

Es relativamente normal que, cuando se trabaja para conseguir algo realizando un gran esfuerzo, y va pasando el tiempo sin que se aprecien avances de importancia, se tengan pensamientos de abandono. Pero, nunca hay que desanimarse, porque aunque no estemos apreciando el proceso, con toda seguridad éste se está produciendo. Estamos formando la base de nuestro crecimiento.

Nuestra propia ansiedad nos lleva a abandonar proyectos extraordinarios por falta de paciencia, y ésta es imprescindible en todas las etapas de nuestra vida. No hemos cultivado la satisfacción de vivir las cosas al tiempo que las vamos haciendo, aprendiendo con ello a disfrutar del momento presente. Nuestra atención está más en el mañana que en el hoy, sin comprender, que lo normal es que ese futuro diste mucho del creado por nuestra imaginación y nuestros deseos. Démosle su tiempo para que llegue. Tengamos la confianza de que, si hacemos lo correcto, terminaremos obteniendo lo que necesitamos. 

 Si padecemos alguna enfermedad grave es muy posible que lleguemos a perder la confianza, no ver salida y abandonar la lucha. Nunca perdamos la fe en la vida porque hay ocasiones en las que el cuerpo está trabajando a su nivel durante años, hasta regenerarse lo suficiente para que la salud brote llegado el momento. En estos casos el ánimo, la fe y la esperanza son para el cuerpo como el aire que respiramos para nuestra vida.

Cuando surja la impaciencia, la creencia de que no avanzamos, el deseo de abandonar o la incomprensión del esfuerzo, recordemos la enseñanza del bambú: Su crecimiento no ha sido casual, para ello se ha estado preparando durante años.


Aprendiendo a vivir mejor

No hay comentarios:

Publicar un comentario

24.- El poder transformador del amor

El amor es el sentimiento más grande y transcendente que puede experimentar el ser humano, es la energía que da vitalidad, sentido y orien...